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Mujeres Sacerdotes en la Iglesia Católica Española

Y DIOS CREO A LA MUJER

PUBLICADO POR (Emérito Agusto)

http://blogs.periodistadigital.com/humanismo.php/2009/07/02/y-dios-creo-a-la-mujer-2-2-

 

Aunque sé que piso terreno pantanoso y me deslizo sobre arenas movedizas, en esta segunda parte, voy a ensayar una sinopsis evocadora sobre el feminismo en la Iglesia.

Las voces femeninas, si bien en la clandestinidad, comienzan a oírse como leves susurros reivindicando “intervenir en la toma de decisiones y asumir responsabilidades en las Iglesias, en especial en la católica y en la ortodoxa.”

Los cuáqueros fueron los primeros que repararon en la capacidad femenina para formar parte y dirigir la congregación. En 1890, un colectivo femenino reformista redactó la “Biblia de las mujeres”, con una exégesis contemporánea. Las mujeres también pueden ser cantoras, así como presidentas de congregación.

En mayo de 2006 medio centenar de mujeres fueron nombradas en Marruecos murchidats, o conductoras de la oración. Algunas corrientes modernas del judaísmo permiten la existencia de mujeres rabinos. En 1944, en Hong Kong, la reverenda Li Tin-Oi fue la primera mujer ordenada sacerdote en la Comunión Anglicana. Actualmente ya son numerosas las ministras anglicanas, y en algunas Iglesias figuran también obispas.

Las mujeres constituyen el mayor porcentaje entre los fieles de la Iglesia católica. ¿Llegará un día en que una de ellas se siente en el trono de san Pedro? (Según las crónicas apócrifas, ya se dio el caso en la legendaria Papisa Juana).

Actualmente se percibe una cierta “revuelta feminista” que lleva décadas removiéndose sordamente en las catacumbas de la Iglesia oficial. Se trata de una rebelión, más que rebeldía, secundada clandestinamente en no pocos conventos; inquietud que ni siquiera consiguió silenciar el “Monitum” (advertencia canónica oficial) dictado hace siete años por el entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y hoy papa, Joseph Ratzinger.

El huracán conservador de las últimas décadas ha desconcertado y desorientado, sobre todo, a las monjas y seglares católicas. Alentadas y movidas por el espíritu aperturista del Concilio Vaticano II, se habían lanzado a profundizar en los estudios y asuntos teológicos creyendo que la reforma rescataría a la mujer de su secular papel subalterno en la Iglesia. ¡Ilusión!

Es evidente que el machismo de la sociedad está arraigado profundamente en la cultura cristiana de todos los tiempos. También en la actualidad. Lo demuestra la idea expuesta en la primera encíclica del papa Benedicto XVI, en la que afirma que la mujer fue creada por Dios “como ayuda del hombre”. ¿No será (la pregunta es retórica por mi parte) que se ha creado un "dios" machista, homotrinitario, muy padre, pero poca madre? (Ya se empieza a hablar de dios/a; pero esa denominación es más bien sentimental y poética que teológica).

Y conste que no me voy por lo cerros de Úbeda. Las teólogas femeninas nos proponen invertir y subvertir el lenguaje de género de la liturgia católica para que comprobemos la apropiación masculina de la mismísima idea de Dios manipulada a través de los siglos.

Piensan que de tanto representar al Altísimo con figuras masculinas y de excluir a la mujer de los estamentos del poder religioso, las jerarquías católicas han acabado por “violar la imagen de Dios en las mujeres” al borrar la “parte femenina” del Supremo Hacedor. Y visto así, ¿qué tal sonaría la invocación modificada “En el nombre de la madre, de la hija y de la santa espiritualidad”? Claro, depende de para qué oídos.

“La Iglesia se empobrece clamorosamente por la carencia de una aportación femenina más plena y responsable”, afirma la monja María José Arana, de la Congregación del Sagrado Corazón, doctora en Historia y autora del libro “Mujeres sacerdotes, ¿por qué no?”

La aceptación del sacerdocio y el obispado femenino entre los anglicanos sitúa a la Iglesia católica en claro desafío ante la pregunta obligada de hasta cuándo podrá seguir ignorando el hecho de la emancipación femenina y la igualdad de sexos en cuanto derechos.

¿Cuánto tiempo necesitará la Iglesia para cambiar la mirada que los Santos padres desde san Agustín a santo Tomas, arrojaron sobre la mujer, ese ser al que como Aristóteles, juzgaron como ser inferior, sumiso, de naturaleza “defectuosa”, incompleta, “imbecillitas”, impura?

“No les gusta que las chicas empiecen de monaguillos porque saben que algunas terminarán aspirando al sacerdocio. Si eres hombre te dirán que tienes vocación, y si eres mujer que estás neurótica o que te metas a monja”, apunta una mujer que se siente “con las alas cortadas y como una vocación abortada de la Iglesia”. Y dicen que santa Teresita del Niño Jesús escribió a su hermana poco antes de morir: “Siento en mi interior la vocación de sacerdote”.

Tanto el Nuevo Testamento como el Manuscrito Barberini (1) muestran que hubo mujeres consagradas durante los diez primeros siglos de la Iglesia. La reflexión teológica femenina ya no se conforma con el manido argumento de que no es posible ordenar a las mujeres porque el Maestro estableció que los Doce apóstoles fueran hombres. ¡¡La Iglesia escurre el bulto y transfiere su machismo al propio Jesús!!

Y no solamente se oyen voces femeninas. El reciente libro del papable monseñor Martini Coloquios nocturnos en Jerusalén” ha tenido el perturbador efecto de la piedra lanzada a las estancadas aguas doctrinales. El cardenal ha invitado a sus pares, príncipes de la Iglesia, a plantearse el sacerdocio femenino y el fin del celibato obligatorio.

¿Es tan audaz la propuesta de Martini en una Iglesia de templos abandonados, sacerdotes ancianos y vocaciones escasas, compuesta por mujeres en sus tres cuartas partes? Un vistazo a las iglesias españolas, convertidas en hogares espirituales para la tercera edad, da prueba de esa abrumadora presencia femenina.

La democratización-feminización modificaría radicalmente la perspectiva interior y exterior de la Iglesia. La teóloga Margarita Pintos sostiene que “la ordenación no es la única meta, pero sí una muy importante para hacer de la Iglesia un espacio en el que la discriminación por razón de género y de sexo quede superada.” Como en otros ámbitos de la vida moderna, el reparto de papeles se impone también, tímidamente, en el mundo de lo sagrado.


(1) Antiguo manuscrito griego sobre la ordenación descubierto en la biblioteca del Cardenal Barberini. Provenía del monasterio de San Marcos en Florencia, que lo había recibido como una herencia de Nicolai de Nicolis. Un análisis de esta escritura uncial, indicaría que la copia fue realizada a fines del siglo IX y probablemente con anterioridad. El contenido es mucho más antiguo y refleja la práctica bizantina durante el apogeo del diaconado del siglo III al VIII.

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