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Mujeres Sacerdotes en la Iglesia Católica Española

Visita de Papa a España. Las mujeres protestamos

  • - Protesto porque el Papa que se presentase en España como lo que es, un prepotente soberano absolutista de un estado en el que ni hay democracia ni hay ciudadanas, sólo hay hombres.
  • -Protesto porque Benedicto XVI, en un mundo donde existen miles de millones que mueren de hambre, se presentase ante 150 millones de teleespectadores haciendo ostentación de riqueza y poder.
  • -Protesto  porque el Papa haya hecho un viaje tan costoso para objetivos tan exiguos y tan vacuos para sociedad actual como es ir de peregrino a Santiago, pero no como un peregrino “normal”, sino en avión, papamóvil y seis mil policías a su servicio. O que fuese a Barcelona a consagrar un monumento bellísimo, pero que nada tiene que ver con el mensaje de Jesús cuando le dijo a la Samaritana: ha llegado el momento en que a Dios ya no se le adora en el templo, que cuanto hagáis con cualquier pequeño/a, o sufriente o marginado/a conmigo lo hacéis, y quien está unido a mi lo está también con el Padre.
  • -Protesto de que el Papa se atreviese a culpabilizar a un pueblo democrático y a un gobierno democrático de laicidad agresiva, cuando en España, la católica, es una religión cargada de privilegios de los que carecen otras religiones y otras instituciones.
  • -Protesto de que el Papa quiera imponer como única y absoluta, su moral sexual a todas aquellas personas incluidas las que ni son cristianas ni católicas, ni creyentes.
  • -Protesto porque el Papa tenga tan poca sensibilidad humana para los millones de personas que son homosexuales, porque así lo ha querido la naturaleza.
  • - Protesto porque el Papa haya humillado de forma estentórea a las mujeres haciéndolas presentes en actividades de limpieza, al mismo tiempo que las aconsejaba a  realizarse en el hogar además de en el trabajo, sin que este mismo deseo fuese también para los hombres. Machismo puro y duro.
  •  - Protesto de que el Papa no centrase su mensaje en el problema de la injusticia, de la pobreza y del sistema económico que las hace posible, mientras no perdió ocasión de hablar de la moral sexual católica.
  • -Protesto de que el Papa no haya dado apoyo y esperanza en alguno de los barrios marginales de Madrid o de Barcelona, y sólo ha estado presente donde Jesús nunca hubiese estado.
  • - Protesto de que el Papa eche las culpas de la secularización de la sociedad a los gobernantes y no haya hecho la más mínima autocrítica de la parte que le corresponde.
  • -Protesto de que el Papa no haya hablado de Jesús, su vida y su mensaje de igualdad, de estar al lado de quienes sufren, de justicia social, de reconocimiento como sujetos en igualdad de condiciones a las mujeres, de separación de poderes, de ser un hombre pobre o por lo menos, austero, de vivir en este siglo y no en plena época medieval, de ser uno inter pares, y no el centro del mundo, de la Iglesia, de las ceremonias y de los ritos; para mucha gente, él era dios mismo a quien adorar.
  • - Acuso al Papa de fomentar la papolatría de manera vergonzosa en unas sociedades democráticas e igualitarias.
  • -Protesto de que la Jerarquía eclesiástica organizase todos los actos con un rancio patriarcado machista, con ese número exagerado de cardenales, obispos y clérigos sin que hubiese mujer alguna presente.
  • -Protesto de quienes han echado en cara al Sr. Zapatero de que no fuese a misa, como si la celebración eucarística fuese un acto protocolario más. Intolerable.

-Nada de teología, nada de espiritualidad, mucho y puro espectáculo.

 

Ana Rodrigo (tomado de www.atrio.org)

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Control y control

Activistas presionan para que el Vaticano acepte el sacerdocio femenino

Líderes de la Conferencia para la Ordenación de las Mujeres en la Iglesia Católica exigieron este martes al Vaticano, en una rueda de prensa en Roma, que permita a las mujeres convertirse en sacerdotisas.
Activistas presionan para que el Vaticano acepte el sacerdocio  femenino

 

La representante de la organización con sede en Gran Bretaña, Mary Leslie, dijo que “la discriminación contra las mujeres en las comunidades de fe y en particular en la Iglesia católica extiende la violencia contra las mujeres en la vida de cada día”.

La representante del movimiento en Alemania, Angélica Fromm, aseguró que “la Iglesia tiene una urgente necesidad de pastores hombres y mujeres para servir a nuestras parroquias. Es el carisma lo que debe contar, no el género”.

Las activistas adelantaron que protestarán en la Plaza de San Pedro en repudio por los actos del Año sacerdotal, convocado por Benedicto XVI.

La celebración es una “absoluta hipocresía” porque demuestra “todo aquello que no está bien con la jerarquía vaticana”, dijo Erin Salz Hanna, secretaria ejecutiva del grupo en Estados Unidos.

Agregó que “el Vaticano está feliz de cerrar un ojo cuando sus hombres destruyen las vidas de niños y familias, pero no duda en excomulgar a las mujeres que, en buena conciencia, buscan proféticamente responder a la llamada sacerdotal y a las necesidades de su comunidad”.

También hizo notar que la celebración tiene por objetivo “honrar el sacerdocio masculino y clerical”, en un año “desastroso” para la Iglesia. Dijo esto en alusión a la ola de acusaciones por pederastia en contra de sacerdotes católicos en varios países.

CNNmexico

 

Protesta en la plaza de San Pedro a favor de la ordenación sacerdotal de mujeres


CIUDAD DEL VATICANO — Un grupo de ocho mujeres pertenecientes a varias asociaciones católicas protestaron este martes en la plaza de San Pedro a favor de la ordenación sacerdotal de mujeres, constató la AFP.

La protesta, que duró pocos minutos, fue rápidamente disuelta por la policía, que invitó a las activistas a salir de la plaza.

Las mujeres cargaban pancartas que rezaban "Nacidas para ser sacerdotes" y gritaban consignas para solicitar la ordenación de mujeres por parte de la Iglesia católica con ocasión del'"Año sacerdotal', que concluye esta semana.

"Es una hipocresía celebrar el año sacerdotal, un error de la jerarquía de la Iglesia", aseguró Erin Hanna, presidenta de Women's Ordination Conference de Estados Unidos, entre las asistentes.

"El Papa debe bajar de su torre de marfil y enfrentar las exigencias de la vida moderna", pidió por su parte Angelika Fromm, activista alemana, quien considera "decepcionante" el año que acaba de atravesar la Iglesia por los escándalos de pedofilia que estallaron en varios países de Europa. "Lo importante es la vocación no el género", comentó.

Se trata de la cuarta vez que el movimiento intenta protestar en la plaza de San Pedro, reconoció Hanna, quien criticó la actitud cerrada de las jerarquías católicas ante la petición de las mujeres creyentes. "El Vaticano desvía los ojos cuando hombres que provienen de sus rangos destruyen la vida de tantos niños y sus familias. Pero no le tiembla la mano para excomulgar a las mujeres, que de buena fe han respondido al propio llamamiento de ordenación y a las necesidades de sus comunidades", comentó.

El papa Benedicto XVI ha excluido en varias ocasiones la ordenación de mujeres, aunque ha prometido "dar más espacio" a la mujer en la Iglesia.

Grupos de mujeres de diferentes nacionalidades han pedido durante años posiciones de mayor responsabilidad dentro del Vaticano, donde casi todos los puestos de poder están ocupados por hombres.

La Iglesia católica, al contrario de la anglicana, prohíbe ordenar a las mujeres como sacerdotes, basándose en el principio de que Cristo eligió voluntariamente a hombres como discípulos. Aquellos que están a favor del sacerdocio femenino sostienen que Cristo sólo estaba actuando de acuerdo con las normas sociales de su época y que la medida contra las mujeres puede ser cambiada.

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Exigen al Vaticano permitir el sacerdocio para mujeres



  • Líderes de la Conferencia para la Ordenación de las Mujeres solicitan a la Santa sede cambiar sus normas
  • Realizarán protestas en la Plaza de San Pedro para repudiar los actos por el "Años sacerdotal"

El Financiero en línea

Ciudad del Vaticano, 8 de junio.- Líderes de la Conferencia para la Ordenación de las Mujeres en la Iglesia Católica exigieron hoy al Vaticano cambiar sus normas y permitir a representantes del sexo femenino acceder al sacerdocio ordenado.

Durante una rueda de prensa en Roma algunas miembros de la Women's Ordination Conference anunciaron que protestarán estos días en la Plaza de San Pedro para repudiar los actos por el “Año sacerdotal”, convocado por Benedicto XVI.

Erin Salz Hanna, secretaria ejecutiva del grupo en Estados Unidos, calificó de “absoluta hipocresía” la celebración de un año dedicado a los sacerdotes, que demuestra “todo aquello que no está bien con la jerarquía vaticana”.

“El Vaticano está feliz de cerrar un ojo cuando sus hombres destruyen las vidas de niños y familias, pero no duda en excomulgar a las mujeres que, en buena conciencia, buscan proféticamente responder a la llamada sacerdotal y a las necesidades de su comunidad”, agregó.

Deploró además que se trate de un evento “encaminado a celebrar y honrar el sacerdocio masculino y clerical” que se llevará a cabo en un año “desastroso” para la Iglesia católica romana, refiriéndose a la crisis por la pederastia de sacerdotes en diversos países.

Por su parte, Angelica Fromm, representante del movimiento en Alemania, apuntó que la “crisis global” que sufre el catolicismo demuestra que la jerarquía clerical por sí sola no basta para representar la estructura y la autoridad institucional de la Iglesia católica.

“La Iglesia tiene una urgente necesidad de pastores hombres y mujeres para servir a nuestras parroquias. Es el carisma lo que debe contar, no el género”, sostuvo.

Mientras Mary Leslie, de la organización británica Catholic Women Ordination, apuntó que “la discriminación contra las mujeres en las comunidades de fe y en particular en la Iglesia católica extiende la violencia contra las mujeres en la vida de cada día”.

Del 9 al 11 de junio unos 10 mil curas de 91 países distintos participarán en el encuentro internacional “Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote”, mientras para el viernes está prevista la misa con más concelebrantes de la historia, unos 15 mil recitarán la eucaristía junto al Papa. (Con información de Notimex/MVC)

Una asociación el favor del sacerdocio femenino se manifiesta en el Vaticano


Roma, 8 jun (EFE).- Algunos miembros de la asociación Women's Ordination Conference se manifestaron hoy en la Plaza de San Pedro en el Vaticano para pedir a la Iglesia Católica que recapacite sobre su prohibición de que las mujeres reciban la ordenación sacerdotal.

La asociación realizó esta concentración en la vigilia de los actos que comenzarán mañana en el Vaticano para la celebración de la conclusión del Año Sacerdotal, convocado por el papa Benedicto XVI.

Durante algunos minutos, una docena de mujeres repartieron panfletos pidiendo el sacerdocio para las mujeres hasta que la Policía les pidió abandonar la Plaza de San Pedro, lo que hicieron inmediatamente.

"La absoluta hipocresía de la celebración del año sacerdotal muestra todo lo que no funciona actualmente en la jerarquía vaticana", explicó hoy la directora del movimiento, Erin Saiz Hanna, en una rueda de prensa antes de la manifestación.

Saiz Hanna denunció que se "celebre y honre" el sacerdocio masculino "en un año desastroso para la Iglesia católica romana", en referencia a los casos de curas pederastas.

"El Vaticano no duda en cerrar un ojo cuando sus hombres destruyen la vida de niños y familias, pero tampoco duda en excomulgar a las mujeres que, en buena fe, quieren proféticamente responder a la llamada sacerdotal y a las necesidades de su comunidad", añadió la directora de Women's Ordination Conference.

Por su parte, la representante del movimiento en Alemania, Angelica Fromm, explicó cómo en su país "las parroquias necesitan urgentemente pastores, tanto hombres como mujeres".

FELIZ PASCUA. Salomé Misacantana

(Por Juan Masiá Clavel)

 

Camino de Emaús, Juana y Lucas, Salomé y Cleofás. Se les acercó el Peregrino: Reparte el pan con los pobres, a nadie niega su vino, y va diciendo por los caminos: Amigo soy...

Salomé y Juana, Lucas y Cleofás iban camino de Emaús aquel mismo día (cf. Lc 24, 13ss.).Salomé y Juana, unos pasos por delante. Lucas y Cleofás, algo rezagados. A ritmo de marcha, ellas; cariacontecidos, ellos.

Dice Salomé exultante. “Alegrad esas caras, niños, que el campo está precioso, almendros en flor y aroma de tomillo”. “Déjate de bobadas, en pleno duelo”, dice Lucas. “¿Cuántas veces habrá que repetirlo para que nos creíais?”, dice Juana, y añade: “Él vive, nos lo aseguró el ángel, nos aguarda en Galilea”. “Eso, dice Salomé, en Emaús solamente parada y fonda”. “Callad ilusas”, dicen ellos.

A la altura del cruce de Betania un peregrino confluye con el grupo. Turbante calado, el velo protege su cara del polvo del camino. “Shalom, chicas. ¿La misma ruta?”, saluda sonriente. “Hola, caminante. Nosotras, a Emaús, de paso para Galilea”, contestan a la par con voz alegre Salomé y Juana. “Yo tengo una cita en Galilea”, dice él. “Pues se te hará de noche. Más te vale hacer escala en Emaús”. “Es que no quiero hacerles esperar".

"¿Y vosotros, chicos, al mismo sitio?”, dice el del turbante, dirigiéndose a Lucas y Cleofás. “Hmmm”, saludan elos de mala gana, sin ánimo de platicar. “Van con nosotras ,aclara Salomé, pero estos dos no tiran de su cuerpo”. “Anda, insiste Juana, apretad el paso y vamos todos juntos, que el sendero es ancho”.

Marchan de cinco en fondo, Juana a la izquierda de Lucas, Cleofás en el centro, Salomé junto a él, y a su derecha el peregrino, que comenta: “Mirad qué hermosura de lirios en la colina”. Se le ha ladeado el velo al señalar al horizonte y su rostro descubierto cruza la mirada con Salomé, que susurra: “Ya decía yo que tu voz me sonaba, Rabboní”. El peregrino se lleva un dedo a la boca y sugiere silencio.

Juana no consigue animar a Lucas y Cleofás. Les interpela el peregrino: “¿Por qué esas caras largas?”. Responden: “¿Eres el único que no sabe lo de ayer en el Gólgota?”. “¿Qué?”. “Lo de Jesús, se lo cargaron los jefes. Nosotros esperábamos su liberación, pero... está enterrado”.

Entretanto, Salomé y el peregrino se miran con complicidad. “¿No leéis vosotros las Escrituras?”, dice el peregrino. “Tenía que pasar lo de siempre, al inocente lo asesinan, pero Abba le da la razón y su Espíritu lo saca de muerte a vida: Éxodo, Tránsito, Pascua”

Descansan bajo una higuera, Salomé saca pan de su alforja: “Peregrino, vas a necesitar esto para convencerlos”. El peregrino mira al cielo y parte el pan. “¡Conque eras tú!”, exclama atónito Lucas. Pero en ese instante desapareció de su vista. De pie, pan y vino en mano, solo están ante ellos Salomé, partiendo pan, y Juana, escanciando vino. Las dos unen sus voces a coro: “Abba, envía tu Espíritu que transforme y consagre la vida de quienes comparten”.

“¿En qué quedamos?, dice Lucas desconcertado. ¿Era él o sois vosotras?, dice Cleofás perplejo. ¿Ha sido un sueño, una ilusión? ¿Alucinamos?”. “No, dice Salomé, necesitáis una homilía que lo explique. Quien nos ve a nosotras haciendo lo que Él hizo en memoria suya, le está viendo a Él”.

“Pero... ¿Adónde se ha ido? ¿Por dónde vino?”. “Ni se va ni viene, Tathâgata es Así-Siempre-Presente, decía el oriental que nos mostró de pequeñas los secretos de la iluminación en la flor del Loto. Cuando se lo contamos un día a Jesús para saber qué pensaba de ello, nos dijo: el Espíritu sopla donde quiere. Dejaos llevar por él y os dará vida; vosotras estáis llamadas a repartir esa vida al mundo”.

Cleofás y Lucas, al fin, despiertan: “¿Cómo no nos dimos cuenta mientras comentaba las Escrituras?”. “Corramos a Jerusalén, a contarlo, dicen Salomé y Juana. Él vive, esto ya no hay quien lo pare, el amor es más fuerte que la muerte.”

 

Ratzinger frena a las mujeres


  1. • El cardenal Carlo Maria Martini piensa que el sacerdocio femenino es una forma de hacer justicia
ALFONSO S. Palomares*

Las cosas no son siempre como son, sino como se perciben. Y la mujer no es como históricamente la percibieron las grandes religiones, y algunas la siguen percibiendo. Hay una abundante literatura sagrada, aparte de la teológica y filosófica, en donde la mujer es un ser humano fracasado, claramente inferior al hombre y por lo tanto más digna de desprecio que de alabanza.
El relativismo se multiplica como un cáncer venenoso, según el papa Benedicto XVI, y nosotros podemos afirmar que se ha colado en las galerías de la Iglesia en un asunto tan importante como es la visión de la condición femenina o, más directamente, sobre el papel de la mujer en la Iglesia y también en los tejidos del poder político y social. La valoración depende desde dónde se mire y desde qué ideología y ojos se mire. En este caso se trata de dos brillantes teólogos y acreditados pensadores: hablo del cardenal Carlo Maria Martini y del papa Ratzinger.
En principio, ambos parten de unos presupuestos culturales análogos y de idéntica fe para suponer que comparten percepciones iguales o parecidas. No es así. Sus propuestas no son relativamente diferentes, son evidentemente distintas. En un reciente libro, relativamente reciente, que lleva el sugerente título de Coloquios nocturnos en Jerusalén, el jesuita –cardenal Martini– formula una serie de propuestas que tienen como idea fuerza que otra Iglesia es posible y que debe tener el valor de reformarse. El cardenal habla con absoluta libertad y sinceridad, porque ya no le mueve ninguna esperanza sobre la Tierra, y dice: «Solo aspiro a prepararme para el encuentro misterioso y definitivo con mi Dios. Es el momento de entregarme a la eternidad con la mayor pureza posible». El libro es un diálogo con el también jesuita Georg Sporchill, que condensa en las preguntas recogidas de varios estudiantes los temas más candentes que afectan a la relación de la Iglesia con el mundo actual y del mundo actual con la Iglesia.
Como ven, un claro relativismo en el planteamiento. Tiene claro que la dinámica histórica va hacia la incorporación de la mujer al sacerdocio, lo cual significa que la mujer entrará también en todo el tejido jerárquico, lo que supone un giro de 180 grados. Es partidario del celibato opcional en los sacerdotes y de que no lo imponga el derecho canónico. En cuanto a la enredadera de noes que Pablo VI puso en la encíclica Humane vitae sobre las relaciones sexuales, es partidario de suprimirlas, optando por la permisividad en el uso del preservativo. En relación con la Humane vitae, Martini es contundente: «Ha producido un gran daño con la prohibición de la contracepción artificial que allí se establece, lo cual ha determinado que muchas personas se hayan alejado de la Iglesia, y la Iglesia, de las personas». Piensa que el sacerdocio femenino es también una forma de hacer justicia a las mujeres por parte de la Iglesia.

La visión de Ratzinger es diametralmente opuesta a la de Martini en estas cuestiones tan esenciales para el futuro de la Iglesia o para una Iglesia con amplio futuro, porque no olvidemos que las mujeres son la mitad de la humanidad y su situación en el escenario de la historia está cambiando, de una manera clara en los territorios de la antigua cristiandad. Los escritos de Ratzinger sobre la condición femenina son abundantes, pero me fijaré en uno de sus tiempos de cardenal, cuando era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. A finales de 2004 escribió una carta a los obispos de la Iglesia católica sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y en el mundo. Yo diría que el eje de esta carta es la defensa de un Dios varón. En ella sostiene que el feminismo es condenable porque promueve la búsqueda del poder por parte de la mujer y, además, porque el enfoque de género que utiliza este movimiento corrompe el orden natural de la sociedad.
Está claro para Ratzinger: el ordenamiento natural está en que la mujer no abandone su puesto en el plan de Dios, que es el de estar sometida al hombre. Lo dice con toda contundencia para que no haya lugar a dudas. Por favor, lean lo que escribió en esa carta: «En las palabras que Dios dirige a la mujer después del pecado se expresan, de modo lapidario e impresionante, las relaciones que a partir de entonces se establecerían entre el hombre y la mujer: tendrás ansia de tu marido, y él te dominará».

La venenosa manzana del paraíso intoxicó el pensamiento judío y vertebró el poder de los dos sexos en la Iglesia cristiana. Santo Tomás de Aquino no tenía dudas al afirmar como si se tratara de un dogma: «La mujer se halla naturalmente sometida al hombre, en quien naturalmente hay mejor discernimiento de la razón». El papel de la mujer en relación con el hombre lo precisó sin titubeos san Pablo en una de sus cartas a los fieles de Corinto, donde les dice que el varón no debe cubrirse la cabeza pues es la imagen y la gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón. Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón.
Lo que llamamos relativismo e integrismo se cruzan en la Iglesia actual. Domina el perfume integrista, ya que desde el Vaticano se pretende que los principios religiosos sean modelo de vida y fuente de las leyes del Estado.

*Periodista

Parece que el Vaticano está pensando en recuperar a los curas “alejados” ¿Llamará a las mujeres a filas ? (Roser Puig)


Somac

El Papa Benedicto XVI, alarmado por la falta de vocaciones sacerdotales cuya consecuencia ha sido el envejecimiento y escasez del clero, intenta estimular al Espíritu Santo para que suscite vocaciones, declarando un Año Sacerdotal. De paso, desea promocionar de nuevo el sacramento de la confesión particular (que tan grande poder sobre el resto de la sociedad confirió al clero en el pasado, pero cuya práctica en España ha quedado reducida a menos del 5% entre los jóvenes) Y lo hace, regalando indulgencias a aquellos sacerdotes que se confiesen a lo largo de este año, pues incluso los curas han emigrado de tal costumbre.

 Indulgencias que podrán aplicar a otros sacerdotes fallecidos y, supuestamente, en el Purgatorio. A los laicos, si rezamos durante este año por las intenciones del Papa, y nos confesamos, también nos concede indulgencias. Así de generoso se muestra el Sumo Pontífice con el control del Mas Allá.

El cardenal Bertone, al anunciar dicho Año Sacerdotal, hizo enigmáticas alusiones sobre la búsqueda de “una reanudación del contacto, de la ayuda fraterna y, si es posible, volver a unirse con los sacerdotes que por diferentes motivos han abandonado el ejercicio del ministerio”. No precisó si célibes o casados, aunque no sería de extrañar que, ante tan crítica situación, se admitieran curas con esposa incluida. Al fin y al cabo, son un verdadero ejército los secularizados: más de 100.000. Todo, menos permitir que las mujeres entren a formar parte del escalafón clerical.

Era de esperar. Se entreveía después de leer la primera parte de la primera encíclica, en la que Benedicto XVI se esmeró en convencer a los fieles de que ,“tocar” a su esposa, ya no se considera impuro por parte de la Iglesia (cosa que había empezado con Tertuliano (155-245 DC), quien declaró que aún los matrimonios legales estaban “manchados con la concuspicencia; y cosa que fue confirmada por los restantes Santos Padres de la Iglesia, pasando por el de Hipona (,354 - 430)) el cual, sin embargo, rebajó la concupiscencia matrimonial a “pecado venial” pero de funestas consecuencias para el fruto del “placer” que, de morir sin bautizar, acababa en el Infierno por haber sido contagiado con el Pecado Original durante dicho momento de “placer pecaminoso”.

Pues bien, en su primera encíclica, Benedicto 16, dando un giro de ciento ochenta grados, razonó en “Deus Caritas est”(2005) que, si el eros se convierte en ágape, es algo agradable a los ojos de Dios (nº 7 ). Y más tarde, el l9 de abril del 2007, firmó un documento de la Comisión Teológica Internacional, en el que se decía que los niños que mueren sin bautizar ni uso de razón, van al cielo. No es de extrañar por tanto que, a la vista de la urgencia eclesiástica, esté preparando a los reticentes misóginos de su generación para que acepten el celibato opcional por el que toda la Iglesia está clamando, máxime después de haberse destapado las terribles cifras de los horrendos casos de pederastia. (“más vale casarse, que abrasarse” (S. Pablo,1Co 7, 8-9)

Personalmente, no me haría ninguna ilusión que, en estos momentos, las mujeres entraran a formar parte del clero y engrosaran una institución piramidal, absolutista y dictatorial. Por lo que yo estoy luchando, es por que nuestra Iglesia sea una “iglesia de iguales”, que demuestre con hechos que se cree eso de que “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo.” (GS, proemio nº 1). Por el momento, es la Iglesia de Base la que lo pone en práctica. La jerárquica se limita a dar consejos sobre el particular, a conservar y guardar celosamente sus tesoros, y a luchar por las prebendas. Me niego a colaborar por que mi Iglesia, oficialmente, siga siendo un emporio de clasismos, elitismos, discriminaciones y privilegios.

Pero reconozco que es natural que aquellas mujeres, que tienen vocación ministerial y que se han venido preparando concienzudamente desde el CVII en donde se nos decía que “No hay en Cristo y en la Iglesia ninguna desigualdad por razón de la raza o de la nacionalidad, de la condición social o del sexo” (LG. 32, b) ahora se sientan frustradas y escarnecidas. En especial, aquellas a las que se las ha apartado de sus cátedras por pensar de diferente manera de lo que permite el Papa. Sin embargo, ahora parece que al cardenal Bertone no le importaría volver a reclutar a los hombres que han sido “silenciados” precisamente por la misma razón: atreverse a elaborar una teología diferente a la secularmente tradicional y oficial.

Mientras tanto, la ICR no solo está dando un escandaloso ejemplo de misoginia y discriminación, sino que está justificando a los maridos que maltratan de forma psicológica o material a sus “santas esposas”, `por habérseles inculcado que son superiores a ellas y éstas no se les someten “como Dios manda”. Y, además, da justificación a los asesinos de sus parejas o ex parejas los cuales no están dispuestos a que se les escape de las manos “su propiedad”, como consecuencia de unos inoportunos DDHH que les proporcionan herramientas para emanciparse. Propiedad a la que, desde tiempo inmemorial, consideran tener “derecho divino, hasta la muerte de uno u otro”. Tal como han transmitido las tradicionales y androcéntricas doctrinas eclesiásticas, todavía vigentes.

Como ejemplo de la sutil mentalización de supeditación e infravaloración de la mujer llevada a cabo por la ICR a través de los siglos y mantenida hasta el día de hoy, a la que me estoy refiriendo, mencionaré unas declaraciones de Mercedes Navarro del año 2008 – M. N. es Doctora en Psicología (UP Salamanca) y Teología (PU Gregoriana, Roma) y licenciada en Ciencias Bíblicas (P.I. Bíblico)- en dichas declaraciones, denunciaba cómo en la traducción al latín de la Biblia, realizada por San Jerónimo en el s.V, llamada “Vulgata”y de la que hemos bebido toda la vida, este Santo Padre se permitió varias licencias poco éticas en dicho trabajo. Para empezar, al traducir los textos del Génesis sobre la relación Adán-Eva, según Mercedes Navarro, S. Jerónimo”no hace una traducción exacta del hebreo porque en ese idioma no aparece la subordinación sino la reciprocidad. La Vulgata dice: “Tu deseo irá a tu marido y él te someterá”, cuando en hebreo es: “Tu deseo irá a tu marido y el de tu marido a ti”.

En fin ¿qué podemos esperar las mujeres de este “Año Sacerdotal”, por parte de quienes están siempre dispuestos a todo con tal de retener el poder (nada celestial, por cierto) y mantenernos supeditadas, a la par que ninguneadas?

El ecumenismo hipócrita (Roser Puig)


Somac

El día 18 de enero se iniciaba una semana de oración “por la unión de todas las iglesias cristianas”. El lema seleccionado por la Comisión Romana y el Consejo Ecuménico de Ginebra era:”estarán unidas en tu mano”(Ez. 37, 15-18) Los respectivos obispados católicos invitaron a los fieles a participar de dicha semana de oración afirmando que “la credibilidad de la predicación del evangelio , por parte de las iglesias que la historia ha dividido, depende de esta unión entre los bautizados”.

 Me pregunto si todavía deberemos ser testigos/as de mayores hipocresías por parte de la Iglesia Católica. Hace ciento un años que se celebra dicha “oración por la unidad de los cristianos”, y son varios los papados que acusan a las otras iglesias de hacer imposible la “unificación”, por culpa de su evolución hacia una verdadera unidad entre los creyentes, hombres y mujeres. La ICR sigue en su empecinamiento de no reconocer la igualdad en dignidad, libertad y derechos entre ambos sexos. No rectifica ni un ápice en su discriminación a la mujer. “por razón de sexo”.

Cito:
“Advertencia de Pablo VI a la Iglesia Anglicana, “con el fin de eliminar un nuevo obstáculo en el camino hacia la union de los cristianos”

“La Iglesia sostiene que no es admisible ordenar mujeres para el sacerdocio, por razones verdaderamente fundamentales.
-El ejemplo, consignado en las sagradas escrituras, de Cristo que escogió a sus apóstoles solo entre varones

-La práctica constante de la Iglesia que ha imitado a Cristo escogiendo solo varones.
-Su viviente Magisterio que coherentemente, ha establecido que la exclusión de las mujeres del sacerdocio está en armonía con el plan de Dios para su Iglesia.

Por lo tanto:
-La Iglesia no se considera autorizada a admitir a las mujeres a la ordenación sacerdotal.
-La razón verdadera es que Cristo, al dar a la Iglesia su constitución fundamental, su teología antropológica, seguida siempre por la Tradición de la Iglesia misma, lo ha establecido así”.
Ante tan “sabios” y “fidedignos” argumentos, en lugar de rectificar ante la deriva de todo el resto de la sociedad, Juan Pablo II se entestó todavía más y enarboló estas mismas (”infalibles”) razones en varios de sus documentos.

Y el actual Papa Benedicto XVI, para no ser menos, los ha utilizado con sibilina inteligencia a fin de mantener a raya al número, cada vez mayor, de mujeres doctoras en Teología, a pesar de los impedimentos que el Vaticano les pone a las mujeres para adquirir esos estudios o conocimientos. Mujeres que dejan esos argumentos en ridículo (por decirlo de forma fina).
El exigir a las otras iglesias cristianas que dejen de cumplir los Derechos Humanos, si quieren ser consideradas “hermanas”, es el colmo del cinismo por parte de la Iglesia Católica, la cual los vulnera descaradamente. Es un insulto al Evangelio de Fraternidad de Jesús.

Espero que la invitación a orar “por la unidad de las iglesias cristianas”que los respectivos obispos han hecho a sus fieles, no haya sido escuchada por las mujeres con un mínimo de sentido común y concepto de la propia dignidad. Rezar nunca está de más, pero no se puede pedir a los fieles que recen por algo que la Jerarquía está dispuesta a impedir.

Por desgracia, muchas mujeres piadosas y sometidas al clero o a su esposo, seguirán rezando por que triunfe “la verdad” de la Iglesia Católica, sin caer en la cuenta de que, con ello, le hacen el juego a la cultura patriarcal, fundamento y raíz del sufrimiento de tantos millones de mujeres en el mundo. Filosofía patriarcal a la que se aferra la Iglesia de Roma para mantener los privilegios de género y casta.

Palma,enero de 2009

La cuestión de la igualdad en la Iglesia (Roser Puig, cristiana y feminista)


Somac

El Diaconado, solo cosa de hombres?
Veinte siglos de Teología patriarcal han dado como resultado que hoy en día, en un país como el nuestro cuyas leyes reconocen la igualdad en libertad derechos y dignidad entre hombres y mujeres, haya muchos miembros de la Iglesia Católica, de uno y otro sexo, que todavía se escandalicen al escuchar a la teología feminista tachar de incoherencia con el Evangelio a la discriminación de las mujeres por parte de la Jerarquía.

 En cambio encuentran lógico y natural que el acceso al clero y a los cargos de decisión en la institución religiosa estén reservados a los varones, porque siempre se les ha dicho que “Jesús solo eligió a hombres como apóstoles suyos”, y el Pueblo Sencillo, acostumbrado a aceptar dócilmente los pronunciamientos de la Jerarquía sin rechistar (bajo amenaza de excomunión) no se atreve a ponerlo en duda
.
¿Fue realmente así?

Si leemos con atención las epístolas de S. Pablo (siglo I) caeremos en la cuenta de que el apóstol nombra con cariño, admiración y agradecimiento a toda una serie de mujeres que, en los inicios del Cristianismo, efectuaban en las incipientes comunidades cristianas labores evangelizadoras y de atención a los miembros más necesitados. También podremos encontrar en los Hechos de los Apóstoles referencias de que había profetisas completamente aceptadas como tales en los primeros tiempos. (1, 17 y 21,9). Algunas de esas mujeres habían conocido personalmente a Jesús de Nazaret y le siguieron apasionadamente hasta el pié de la cruz.

¿Es que todas ellas se confabularon luego para enmendarle la plana al Maestro?

Esta es la pregunta que puede hacerse cualquier persona, con un mínimo de lógica, al descubrir esos datos (si no tiene nociones de Historia de la Iglesia) al compararlos con la normativa vaticana vigente. Por ejemplo, el “Directorio sobre la identidad y la formación de los diáconos permanentes” en donde se define quienes tienen la exclusiva de esos menesteres en la actual Iglesia: solo varones ordenados. ¿Y quienes pueden acceder a un orden sagrado?: solo varones Porque la Jerarquía afirma que el sacramento del orden está reservado a los varones en la Iglesia “en imitación a Cristo” y “en obediencia a la Tradición de la Iglesia” (Ordenatio Sacerdotalis, Juan Pablo II)

¿La teología feminista se atreve a contradecir a la Jerarquía?

(No solo la feminista). Recordemos que Jesús, en los Evangelios, consta como que era laico. Recordemos también que los frecuentes enfrentamientos verbales que sostuvo Jesús con el clero de entonces, acabaron llevándolo al patíbulo. Por lo tanto, Jesús debía ser lo que ahora se conoce como “un anticlerical”. Por otra parte, estudiando la Historia de la Iglesia, nos damos cuenta de que la estructura clericalizada de la actual institución eclesiástica no parece nada probable que fuera “instituida”por Jesús, ya que esa estructuración se inició casi medio siglo después de la desaparición de Jesús de la faz de la tierra. De ello se deduce también que Jesús, siendo laico y “anticlerical”, no “ordenó” a nadie (no consta en ningún Evangelio). Entonces, ¿qué “imitan” y a quién “obedecen” nuestros próceres discriminando a las mujeres?

Si a ello añadimos que (según los Evangelios) las primeras encargadas de difundir la noticia más importante de nuestra fe (la resurrección de Cristo) fueron las mujeres, es normal que ellas se afanaran en cumplir el encargo de su Señor. Por lo tanto, la teología actual que discrepa respecto a la discriminación femenina en la Iglesia, parece tener razón.

Entonces, ¿Porque se apartó sistemáticamente a las mujeres de su vocación?

Esta pregunta precisa de un esfuerzo de contextualización: Todos sabemos que el Cristianismo nació y enraizó en el seno del Imperio Romano. Un imperio cuya economía estaba basada en la asimilación, expolio y esclavitud de los pueblos conquistados. Pueblos, todos ellos, de cultura patriarcal. Es decir, compuestos por familias organizadas alrededor de un “cabeza” o “padre” que detentaba toda la autoridad y el poder sobre el resto de los miembros del clan y en donde las mujeres eran una propiedad más de la familia y valoradas como podía serlo un esclavo, un asno o un buey.

Las mujeres no podían testimoniar pues su palabra no tenía valor alguno en aquella sociedad. (De ahí que los hombres del Evangelio no las creyeran cuando ellas fueron corriendo a decirles “¡el Señor ha resucitado!”)

En una sociedad así, el que dentro de las primeras comunidades cristianas las mujeres adquirieran protagonismo e intentaran emanciparse y tener voz, debió ser algo insólito, revulsivo y difícilmente aceptable para los varones de aquella cultura (cristianos o no). La emancipación de las mujeres amenazaba los cimientos de toda la estructura social.
Las tensiones que ello ocasionó en la sociedad y dentro de las pequeñas comunidades, quedaron reflejadas no solo en las epístolas de Pablo que todos conocemos (mandando someterse a la esposa) sino también en otros escritos como por ejemplo los de Tertuliano, un apologista del siglo II:”no está permitido que una mujer hable en la iglesia.

A las mujeres no les está permitido enseñar, ni bautizar, ni ofrecer la Eucaristía, ni reclamar para ellas participación alguna en funciones masculinas, ni en ningún cargo sacerdotal…”.Sin embargo, y a pesar de tan furibunda oposición, la ordenación de diaconisas parece ser que llegó hasta el siglo X. (Está claro que algunos le llaman “tradición” a lo que les conviene).

Dos mil años desprestigiando a la mujer

Por otra pare, durante los casi dos mil años de Historia de la Iglesia, sus más valorados teólogos rivalizaron en justificar (en nombre de Dios) el haber vuelto a relegar a la mujer a un papel de inferioridad, dependencia y supeditación respecto del varón. Papel del que, inicialmente, ellas habían entendido ser liberadas por su Maestro. Durante todo ese tiempo, la mujer ha sido difamada por los llamados Santos Padres de la Iglesia con teorías que ahora encontramos ridículas y que nos harían reír sino hubieran hecho sufrir cruel e innecesariamente a tantas y tantas mujeres.

Sin ir más lejos, podemos recordar el siguiente análisis “científico” de Santo Tomás de Aquino (siglo XIII): “la mujer es inferior al hombre en tres aspectos: en el aspecto evolutivo (inferioridad biogenética), en el ser (inferioridad cualitativa) y en el hacer (inferioridad funcional)”.Teoría que originó acaloradas discusiones entre los eruditos, (hasta principios del siglo diecinueve) sobre si las mujeres teníamos alma o no. Lo cual equivalía a marginar a todo el género femenino de la Redención.

Teorías que han perpetuado el androcentrismo machista en todo el ámbito de la Cristiandad, y no solo en el seno de la Iglesia, sino también en el resto de la sociedad civil. Teorías de las que los últimos coletazos son el incesante goteo de mujeres muertas a manos de su pareja o ex pareja que, en pleno siglo XXI, todavía cree ser el amo del cuerpo y del destino de la que consideran mujer de su propiedad.

El diaconado (perpetuo) de las mujeres

Pero, a pesar de todo, las mujeres no solo han estado siempre presentes en la Iglesia en mayor número que los hombres, sino que han seguido ejerciendo las funciones propias del diaconado: servicio de la Palabra, de la Liturgia y de la Caridad (aunque sin reconocimiento oficial). Especialmente el diaconado de la atención de los miembros más débiles de la sociedad: niños, ancianos y enfermos ha estado, siempre y en todas las culturas, encomendado a las mujeres.

En estos momentos, en la Iglesia Católica, numerosas mujeres que hasta ahora se habían mantenido en segundo plano detrás del sacerdote, han tenido que tomar la iniciativa al servicio de las comunidades de creyentes allí donde la escasez de vocaciones masculinas ha dejado un lacerante vacío. Ahora, más que nunca, la mujer está preparada para asumir el ministerio de la Palabra (tratados de Teología, conferencias, artículos, clases de Religión, etc.) Son mayoría las mujeres ayudantes de los párrocos en la Catequesis. La mujer nunca ha desdeñado ocuparse voluntaria y desinteresadamente de la limpieza y el adorno de los templos y del cuidado de los objetos del culto.

Y son inmensa mayoría las mujeres en el voluntariado de Cáritas. La mujer no necesita ningún permiso especial ni ningún título clerical para ejercer el diaconado (ministerio de servicio). En cambio la Iglesia precisa urgentemente de la entrega y de la preparación de las mujeres para ser creíble.

Confunden poder con servicio

Sin embargo, es precisamente ahora (primero con Juan Pablo II, y luego con Benedicto XVI) cuando desde el Vaticano se han dictado normas para que al “diaconado permanente” solo puedan acceder los varones. ¿Qué lógica puede inspirar una actitud tan irracional? Solo la lógica de la ambición de supremacía masculina y el deseo de perpetuar los privilegios de género, aderezados con una sobredosis de misoginia, además de considerar el diaconado como un peldaño en el escalafón hacia el poder clerical, en lugar de un servicio al Evangelio de la Fraternidad.

Ello no obstante, cada vez son más los hombres de Iglesia partidarios de integrar a las mujeres en la institución. Unos, alarmados por la crisis de vocaciones masculinas. Otros, impelidos por “el hambre y sed de justicia” evangélica. Los primeros no se plantean siquiera la necesidad de reformar el sistema jerárquico y absolutista que viene imperando en la Iglesia casi desde el principio; mientras que los segundos son de la opinión de que, el acceso de la mujer al sacerdocio y a los puestos de responsabilidad, vendrá dado como una consecuencia lógica de una iglesia fraterna e igualitaria.

Exigimos igualdad de hecho y de derecho.

Las mujeres en el seno de la Iglesia estamos también divididas en cuanto a prioridades. Las hay que están dispuestas a contentarse con las bellas palabritas de la Mulieris Dignitatem de Juan Pablo II, y son felices “ganando el cielo” sometiéndose(al esposo las casadas y al clero las consagradas). Otras están convencidas de que el aceptar las migajas de responsabilidad que ellos nos permiten tener, es a lo más que podemos aspirar las mujeres por el hecho de nuestra “condición femenina” Las hay incluso capaces de generar una verdadera animosidad contra aquellas que reclamamos equiparación (en dignidad, libertad, responsabilidad y oportunidades) con los hombres en la Iglesia y en la familia.

Parecen temerosas de que nosotras, con nuestras exigencias, estemos radicalizando al clero más retrógrado y obstaculizando el que la institución les abra las puertas pues, en el fondo, solo aspiran a “situarse” y son incapaces de solidarizarse con todo el género femenino. Entre las que nos definimos como “feministas”, hay también división de opiniones: las hay impacientes por demostrar que ellas son capaces de hacer las cosas de diferente manera (mejor) que los hombres. Y finalmente estamos las que exigimos un cambio o reforma a fondo de la Iglesia que la permita recuperar el Espíritu Fraterno del Evangelio de Jesús de Nazaret, ahora extraviado entre parafernalias, honores, riquezas y ambición de poder.

Palma de Mallorca, Marzo de 2008

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Y DIOS CREO A LA MUJER

PUBLICADO POR (Emérito Agusto)

http://blogs.periodistadigital.com/humanismo.php/2009/07/02/y-dios-creo-a-la-mujer-2-2-

 

Aunque sé que piso terreno pantanoso y me deslizo sobre arenas movedizas, en esta segunda parte, voy a ensayar una sinopsis evocadora sobre el feminismo en la Iglesia.

Las voces femeninas, si bien en la clandestinidad, comienzan a oírse como leves susurros reivindicando “intervenir en la toma de decisiones y asumir responsabilidades en las Iglesias, en especial en la católica y en la ortodoxa.”

Los cuáqueros fueron los primeros que repararon en la capacidad femenina para formar parte y dirigir la congregación. En 1890, un colectivo femenino reformista redactó la “Biblia de las mujeres”, con una exégesis contemporánea. Las mujeres también pueden ser cantoras, así como presidentas de congregación.

En mayo de 2006 medio centenar de mujeres fueron nombradas en Marruecos murchidats, o conductoras de la oración. Algunas corrientes modernas del judaísmo permiten la existencia de mujeres rabinos. En 1944, en Hong Kong, la reverenda Li Tin-Oi fue la primera mujer ordenada sacerdote en la Comunión Anglicana. Actualmente ya son numerosas las ministras anglicanas, y en algunas Iglesias figuran también obispas.

Las mujeres constituyen el mayor porcentaje entre los fieles de la Iglesia católica. ¿Llegará un día en que una de ellas se siente en el trono de san Pedro? (Según las crónicas apócrifas, ya se dio el caso en la legendaria Papisa Juana).

Actualmente se percibe una cierta “revuelta feminista” que lleva décadas removiéndose sordamente en las catacumbas de la Iglesia oficial. Se trata de una rebelión, más que rebeldía, secundada clandestinamente en no pocos conventos; inquietud que ni siquiera consiguió silenciar el “Monitum” (advertencia canónica oficial) dictado hace siete años por el entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y hoy papa, Joseph Ratzinger.

El huracán conservador de las últimas décadas ha desconcertado y desorientado, sobre todo, a las monjas y seglares católicas. Alentadas y movidas por el espíritu aperturista del Concilio Vaticano II, se habían lanzado a profundizar en los estudios y asuntos teológicos creyendo que la reforma rescataría a la mujer de su secular papel subalterno en la Iglesia. ¡Ilusión!

Es evidente que el machismo de la sociedad está arraigado profundamente en la cultura cristiana de todos los tiempos. También en la actualidad. Lo demuestra la idea expuesta en la primera encíclica del papa Benedicto XVI, en la que afirma que la mujer fue creada por Dios “como ayuda del hombre”. ¿No será (la pregunta es retórica por mi parte) que se ha creado un "dios" machista, homotrinitario, muy padre, pero poca madre? (Ya se empieza a hablar de dios/a; pero esa denominación es más bien sentimental y poética que teológica).

Y conste que no me voy por lo cerros de Úbeda. Las teólogas femeninas nos proponen invertir y subvertir el lenguaje de género de la liturgia católica para que comprobemos la apropiación masculina de la mismísima idea de Dios manipulada a través de los siglos.

Piensan que de tanto representar al Altísimo con figuras masculinas y de excluir a la mujer de los estamentos del poder religioso, las jerarquías católicas han acabado por “violar la imagen de Dios en las mujeres” al borrar la “parte femenina” del Supremo Hacedor. Y visto así, ¿qué tal sonaría la invocación modificada “En el nombre de la madre, de la hija y de la santa espiritualidad”? Claro, depende de para qué oídos.

“La Iglesia se empobrece clamorosamente por la carencia de una aportación femenina más plena y responsable”, afirma la monja María José Arana, de la Congregación del Sagrado Corazón, doctora en Historia y autora del libro “Mujeres sacerdotes, ¿por qué no?”

La aceptación del sacerdocio y el obispado femenino entre los anglicanos sitúa a la Iglesia católica en claro desafío ante la pregunta obligada de hasta cuándo podrá seguir ignorando el hecho de la emancipación femenina y la igualdad de sexos en cuanto derechos.

¿Cuánto tiempo necesitará la Iglesia para cambiar la mirada que los Santos padres desde san Agustín a santo Tomas, arrojaron sobre la mujer, ese ser al que como Aristóteles, juzgaron como ser inferior, sumiso, de naturaleza “defectuosa”, incompleta, “imbecillitas”, impura?

“No les gusta que las chicas empiecen de monaguillos porque saben que algunas terminarán aspirando al sacerdocio. Si eres hombre te dirán que tienes vocación, y si eres mujer que estás neurótica o que te metas a monja”, apunta una mujer que se siente “con las alas cortadas y como una vocación abortada de la Iglesia”. Y dicen que santa Teresita del Niño Jesús escribió a su hermana poco antes de morir: “Siento en mi interior la vocación de sacerdote”.

Tanto el Nuevo Testamento como el Manuscrito Barberini (1) muestran que hubo mujeres consagradas durante los diez primeros siglos de la Iglesia. La reflexión teológica femenina ya no se conforma con el manido argumento de que no es posible ordenar a las mujeres porque el Maestro estableció que los Doce apóstoles fueran hombres. ¡¡La Iglesia escurre el bulto y transfiere su machismo al propio Jesús!!

Y no solamente se oyen voces femeninas. El reciente libro del papable monseñor Martini Coloquios nocturnos en Jerusalén” ha tenido el perturbador efecto de la piedra lanzada a las estancadas aguas doctrinales. El cardenal ha invitado a sus pares, príncipes de la Iglesia, a plantearse el sacerdocio femenino y el fin del celibato obligatorio.

¿Es tan audaz la propuesta de Martini en una Iglesia de templos abandonados, sacerdotes ancianos y vocaciones escasas, compuesta por mujeres en sus tres cuartas partes? Un vistazo a las iglesias españolas, convertidas en hogares espirituales para la tercera edad, da prueba de esa abrumadora presencia femenina.

La democratización-feminización modificaría radicalmente la perspectiva interior y exterior de la Iglesia. La teóloga Margarita Pintos sostiene que “la ordenación no es la única meta, pero sí una muy importante para hacer de la Iglesia un espacio en el que la discriminación por razón de género y de sexo quede superada.” Como en otros ámbitos de la vida moderna, el reparto de papeles se impone también, tímidamente, en el mundo de lo sagrado.


(1) Antiguo manuscrito griego sobre la ordenación descubierto en la biblioteca del Cardenal Barberini. Provenía del monasterio de San Marcos en Florencia, que lo había recibido como una herencia de Nicolai de Nicolis. Un análisis de esta escritura uncial, indicaría que la copia fue realizada a fines del siglo IX y probablemente con anterioridad. El contenido es mucho más antiguo y refleja la práctica bizantina durante el apogeo del diaconado del siglo III al VIII.

HUELGA DE MUJERES EN LAS IGLESIAS

somos las mujeres las que mantenemos la farsa de la iglesia actual.

Basta pensar en qué pasaría si las mujeres de cada parroquia:
- dejáramos de atender a la gente en Caritas.
- Dejáramos de dar catequesis y catecumenados.
- Dejáramos de ayudar a los enfermos.
- Dejáramos de limpiar los templos.
- Dejáramos de acudir a la misa diaria en que nos juntamos 15 o 20.
- Dejáramos de comprar los libros de los teólogos famosos que nos nombran en una linea para quedar bien y luego no se mojan con nosotras.

Bastaría dejar de hacer estas cosas para hacer una auténtica revolución en la iglesia.


Para dejar vacío de contenido el papel del sacerdote tal y como se ha entendido hasta ahora, para dejar sin sentido una "comunidad oferente" sin nosotras.
Pero las mujeres andan con "síndrome de Estocolmo" queriendo demasiado a los que secuestran su voz en la iglesia.

 

 

"PERLAS" MACHISTAS DE LOS SANTOS: La mujer es una burra tozuda

Pese a que fue entre los esclavos, los humildes y las mujeres entre quienes primero se propagó el cristianismo, la agresiva tradición antifeminista avanza pronto en la nueva organización eclesiástica. Es ese desprecio a la mujer, incluso el aborrecimiento, por donde se ha colado el afán de dominación y todo tipo de abusos, sobre todo sexuales. No es posible comprender esos comportamientos prepotentes sin escuchar a los padres de la Iglesia proclamando la abyección de la mujer y el sexo. Así se explica, también, que las principales víctimas, por millares, de la Santa Inquisición fuesen mujeres, arrastradas a la hoguera por brujas o portadoras de pecado.

Había dicho, por ejemplo, san Juan Damasceno: "La mujer es una burra tozuda, un gusano terrible en el corazón del hombre, hija de la mentira, centinela del infierno". Y santo Tomás de Aquino: "La mujer es un hombre malogrado. Un ser ocasional: sólo el hombre ha sido creado a imagen de Dios". O Alberto Magno: "La mujer es un hombre ilegítimo y tiene la naturaleza incorrecta y defectuosa". Incluso el gran Agustín, obispo de Hipona, sostuvo que "el marido ama a la mujer porque es su esposa, pero la odia porque es mujer", y que "nada hay tan poderoso para envilecer el espíritu de un hombre como las caricias de una mujer". ¿Hablaba por experiencia? Padre de un chico al que llamó Deodato (dado por Dios), repudió a la madre sin contemplaciones para hacer carrera eclesiástica.

¡A la basura!

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/sexo/pierde/Vaticano/elpepusoc/20090531elpepisoc_1/Tes

 

Mujeres en la Última Cena (POR JUAN MASIÁ CLAVEL)

Salomé, Marta, Myriam, Susana y Ana, de acuerdo con María, la madre de Jesús, y apoyadas por ella, consiguieron, a pesar de Pedro, hacerse sitio en la cena de Pascua, de lo que se alegró Jesús diciendo: “No sois sirvientas, sino amigas ” (Jn 15,15), y cuando yo me vaya recogeréis el testigo para ir a curar y dar esperanza a la gente, haciendo bien, porque la Ruah de Abba estará en y con vosotras (Act 10,38).

Salomé, la esperanzada, sentada junto a Tomás, el positivista y posibilista (con expectativas de ser nombrado para una sede importante), dijo: “Jesús, parecemos brotes de olivo en torno a tu mesa (Ps 127,3), las chicas y chicos de tu koinonía (1Jn 1,3), aunque algunos retoños, como éste a mi lado están una miajica retorcidos (Jn 20,25)”. “Mejor, completó Jesús, sois sarmientos de la vid; que corra por este círculo la vida de Abba y su Ruah, que déis fruto permaneciendo en unión” (Jn 15, 1-5).

Se quedaba a menudo libre el asiento junto a Salomé, donde habían puesto un cojín más cómodo para la madre de Jesús, pero no conseguían mantenerla sentada, porque no se fiaba de dejar el asado en manos de Judith y Cleofás (En Nazaret nadie preparaba el cordero mejor que ella).

María, tú quédate sentada, dice Salomé, y disfruta la Pascua con tu hijo”. “¿Disfrutar dices, Salomé? Me huelo yo que esta Pascua acaba mal. Mi hijo se ha metido en un buen lío con los del Santo Oficio de la Inquisición, por lo del Reino, las redes y la liberación, me dice el corazón que la cosa se pone negra, ya veremos qué pasa mañana”.

“Madre, dice Jesús desde el otro lado de la mesa, tú ya sabes, por la experiencia de cuatro partos que tuviste, que cuando la mujer va a dar a luz se siente triste, porque le ha llegado su hora; pero, cuando nace la criatura, ya no se acuerda del apuro, por la alegría de dar nueva vida al mundo” (Jn 16, 21).

Terció en la conversación Ana,(la simpática y preciosa biznieta de la abuela del mismo nombre) acurrucada en el hueco entre Juan y Jesús –Juan reclinándose sobre Jesús y Ana colándose bajo su brazo y arrimada al talle del Maestro-: “Jesús, eso está muy bien, te lo hemos oido otras veces; pero hoy te preocupa algo serio, no te lo calles, te he estado mirando toda la tarde y tienes cara angustiada, desahógate, hombre, desahógate, se te nota turbado”. “Tú siempre tan intuitiva, Ana. Sí, me siento agitado; pero ¿qué voy a decir?: Abba, líbrame de esta hora? ¡Si para esto he venido, para esta hora! ¡Abba, que irradie tu gloria!” (Jn 12, 27-28).

Pedro se impacientó y, calándose una tiara, dijo: “Acaparáis las mujeres el tema; además con preguntas tontas y comentarios que aguan la fiesta”. “Así es, dijo Felipe, mejor pedirle al Maestro que nos aclare dónde está Abba y por dónde hay que ir para encontrarlo”. ”Pero Felipe, dijo Jesús, ¿con tanto tiempo de amigo mío todavía no te has dejado envolver por la ternura de Abba? Yo soy el camino hacia la vida verdadera de Abba. Yo estoy en Abba y Abba en mí” (Jn 14, 10).

“Pero qué poca vista tienes, Felipe, dijo Ana, mírale a Jesús a los ojos, deja que te absorba hasta meterte dentro de Él, te verás reflejado en ellos y al mismo tiempo descubrirás a Abba”.

“Ya está la soñadora divagando”, dijo el realista Mateo(también, como Tomás con expectativas de ser recomepnsado con una sede importante). “No, añadió Jesús, ha dicho bien Ana, porque Abba y yo somos uno” (Jn 14,9).

Interrumpió Tomás: “Ana, come y calla”. Le dió un codazo Susana, la que siempre sabe estar al quite en su momento: “El que tiene que callarse eres tú. Queremos que siga hablando el Maestro. Yo he dejado hoy a mi marido haciéndose la cena él solo, porque no quería perderme esta Pascua”. “Bueno, Susana, dijo Jesús, pero que no se te haga tarde para estar con él a la vuelta, que el amor es más importante que las misas y los sermones. En realidad, todo lo que yo os tengo que decir se reduce a esto, que os queráis cada vez más y mejor para que, al ver la gente cómo os queréis, descubran el sentido de la vida, ese es mi encargo encarecido (yo no diría mi mandamiento, sino mi testamento)” (Jn 13, 34-35).

Estaba el ambiente un poco tenso y lo percibió Marta, que dio un giro a la velada. “Venga, id pasando los platos, y que no se quede el cesto del pan en el rincón de Mateo, y tú, Andrés, levántate a preparar las copas, que no tengamos que ser siempre las mujeres las que van y vienen del comedor a la cocina”. Mateo pasó el pan a regañadientes y Andrés trajo las copas refunfuñando.

Jesús se incorporó y dijo: “Esta no es una cena cualquiera. Es la Pascua, el tránsito. Es el paso de quien tiene que pasar por un trance amargo de separación. Mirad este pan que se desgarra en pedazos, así ha sido mi vida. Pues aquí está lo que ha sido mi vida. Ahora no lo entendéis, pero os lo recordará la Ruah cuando ya no esté yo con vosotros y vosotras (Jn 16,7)”.

“Pero nosotras no queremos que te vayas, Jesús, dijo Ana, que se pare el tiempo esta noche, te queremos y no te soltamos, Rabboni” (cf. Jn 20, 16). “No, Ana, dijo Myriam, tenemos que asumir que Él se vaya, nos conviene, para que retorne de otra manera desde Abba. Entonces comprenderemos que Él está en Abba y Abba en Él, Él en nuestro corazón y nosotras en el suyo. Comprendo tu estado de ánimo, Ana, yo también quisiera estrecharle con fuerza y retenerle, pero presiento que Él nos dice: Soltadme, que subo a mi Abba y vuestro Abba” (Jn 20,17).

Juan no decía nada, pero intercambiaba miradas de complicidad sucesivamente con Myriam y con Jesús, mientras sugería silencio a Ana tocándole suavemente los labios. Y entonces Jesús siguió diciendo. “Tiene razón Myriam. Ya no beberé más este vino hasta compartir de otra manera en el ágape sin fin, cuando la liberación de Abba reine por completo (Lc 22,18).

"Has hablado bien Myriam, dijo Jesús, Yo te digo que tú te llamas Myriam, pero en adelante te llamarás Petra y sobre esta Petra, de la mano de este Juan, se construirá la Asamblea de Redes de quienes prolonguen la cosa que empezó en Galilea” (cf. Mt 16,18 a la luz de Jn 20).

Pedro callaba consternado. Judas había salido ya para su asunto en la oscuridad de la noche. Juan se ofreció a acompañar a Susana hasta su casa.

Jesús decidió salir al Huerto de los Olivos, acompañado de Pedro y Santiago, que se quedaron dormidos de cansancio. Jesús oraba sudando y diciendo: “Abba, si es posible que pase este cáliz...” (Mt 26, 42; Mc 14, 36; Lc 22, 42). Myriam y Ana se quedaron despiertas a su lado, como ángeles, animándolo, ayudándole a asumirlo y tratando de asumirlo ellas...

(Publicada la versi:on original en La Verdad, de Murcia, el Jueves Santo, 8 de abril, 2009)

http://blogs.periodistadigital.com/vivirypensarenlafrontera.php/2009/04/09/mujeres-en-la-ultima-cena

 

 

Camino de Emaús: Myriam, Lucas y Cleofás (POR JUAN MASIÁ CLAVEL)

De Jerusalén a Emaús viajaban a pie tres caminantes al mediodía del domingo (Lc 24,13). Cleofás con jeta cariacontecida (Lc 24, 17), Myriam exultante (Mt 28, 8), Lucas alicaído.

“Alegra esa cara, hombre”, dice Myriam a Cleofás con una palmada en el hombro, “la mañana está espléndida, pasó la lluvia invernal, brotan flores en la vega y llegó la primavera (Cant. 2,11); cielo azul, fragancia de romero y tomillo, almendros como nieve que encandila, nardo, enebro y azafrán, canela y cinamomo” (Cant.4,14) ”.

“No estamos para esas bobadas, Myriam”, dice Cleofás. “Pero, hermanos, ¿cuántas veces tendré que repetirlo para que me creáis? (Mc 16, 10’11) Ya os he dicho que está vivo el Alfa y Omega, el que Vive (Ap 1,17-18), que lo ví de madrugada (Jn 20,1), estaba como nunca, radiante (Mc 9,3). Dijo que nos lo vamos a encontrar en Galilea (Mt 28,7), que va por delante (Mc 16,7), yo quería abrazarlo con toda el alma y cuerpo, estrechar su cabellera mientras le besaba, pero primero era lo de subir a Abba (Jn 20,17), luego la Ruah nos daría ojos del corazón (Ef 1,18) para verle y sexto sentido para caer en la cuenta de que ha penetrado en lo más dentro de nuestro dentro como no penetra ni el abrazo más íntimo en este mundo (Jn 14,23)”.

“Calla, calla, soñadora, que nos aumentas la pena”, dijo Cleofás. “Las mujeres sois ilusas”, dijo Lucas. “Y los hombres... corazones encerrados en concha de tortuga, tenéis ojos que no ven y oídos que no entienden ( Mal, 3,1; Lc 7,27), sois incapaces de tocar el cuerpo del Ungido en lirios y gorriones o en la brisa que acaricia las mieses”(Jn 20-25; Jn 4,35; Mt 6,25-28) ,

Así decía Myriam cuando se les acercó un peregrino, alto, moreno, de turbante ladeado a estilo galileo. “Shalom, muchachos. ¡Qué cosas tan preciosas dice vuestra compañera de camino!”. “Shalom”, contestaron ellos de mala gana. “¿Por qué esas caras largas?”, dijo el del turbante. “¿Eres tú el único que está en la luna esta mañana? ¿No sabes lo del Gólgota?”. “No, ¿qué ha sido?”. “Pues lo de Jesús, el mejor hombre del mundo, el inocente que no debía morir, pero se lo cargaron los dos poderes: la jerarquía religiosa y la política. Nosotros lo dejamos todo para enrolarnos en su movimiento de liberación, nos involucró en el lío ese de las Redes del Reino, habíamos puesto la esperanza en él (Lc 24, 16-21). Jesús era lo que se dice bueno, partía el pan con pobres, a nadie negaba su vino (Jn 6), era un tierno amigo de todos y nos encargó difundir la ternura (Jn 13, 34-35). Pero... se acabó todo, ahora está bajo la losa y los muertos en la tumba no pueden cantar la gloria (Baruc, 2,17)”.

Mientras así se desahogaba Cleofás, Myriam y el del turbante intercambiaban miradas significativas. Y dijo el del turbante, dirigiéndose a Cleofás y Lucas. “¿Es que vosotros no leéis las Escrituras? Tenía que ser así, pasó lo que siempre pasa en la historia, el mal gana, las curias involucionistas derrotan a las corrientes conciliares renovadoras, al inocente lo liquidan, dictadores e inquisidores conspiran a una contra la persona justa (Ps 2), pero Abba lo justifica y le da la razón (Act 2,24), y viene la Ruah para librarlo del Sheol e introducirlo en la Vida más allá de la muerte (Rom 8,11;Rom 1,3; 1Tim 3,16; 1Pe 3,18). Eso se llama Éxodo (Lc9,31) y Pascua (Jn 12,1). Reconocer su rostro al partir, compartir y repartir (Lc24,31-32) origina lugares de transfiguración por doquier (Mc 9,2ss.; Mt 17,1ss.; Lc 9,28ss.)”.

Así decía cuando llegaron a una revuelta con sombra. Era mediodía e iban cansados. Se detuvieron a reposar bajo una higuera. Myriam sacó de su bolsa un cacho de pan y, por la espalda de Cleofás, se lo pasó al del turbante. Aprovechó para disfrutar el contacto con su mano derecha sudorosa, mientras él le devolvía la caricia apretándosela con la otra mano.

Peregrino, vas a necesitar esto para persuadirles”, dijo Myriam, y le pasó también un cuenco de vino. El del turbante tomó el pan y el vino y, ante la mirada desconcertada de Cleofás y Lucas, elevó los ojos al cielo y comenzó a partir el pan (Mc 6,40’41). “¡Conque eras tú!”, exclamaron a una Cleofás y Lucas, reconociéndolo.

En ese instante desapareció de su vista (Lc 24, 32-35). Estaban los dos atónitos. Ante ellos solamente estaba Myriam de pie, con un pan partido en sus manos. Nunca brillaron tanto los seductores ojos azabache de Myriam como en aquel momento, mientras decía mirando al cielo: “Abba, envía la Ruah para que transforme lo que este pan y vino simbolizan y consagre la vida de quienes lo comparten, convirtiéndola en Cuerpo del que Vive para vida del mundo. Éste es el enigma en que creemos quienes revivimos su presencia cada vez que repetimos sus palabras y practicamos su camino”.

Alargó Myriam el pan a Cleofás y Lucas, que seguían atónitos. “¿En qué quedamos, eras tú o era él o fue solo un sueño? ¿No habrá sido una ilusión?”, preguntaban. “Hermanos, dijo Myriam, quien me ve haciendo lo que él hizo, le ve a Él y así ve a Abba”(Jn 14,9).

“Pero... ¿Adónde se ha ido? ¿Por dónde vino?”. “Ni se va ni viene, hermanos, como decían los budistas, ni el Así-Ido, ni el Así-Venido, el Tathâgata es el Así-Siempre-Presente, que decían en Afgán los maestros aquellos que me enseñaron de pequeña a descubrir en la flor del loto el camino de la iluminación. Cuando se lo conté a Jesús un día, me sonrió diciendo que también allí estaba funcionando la Ruah, que sopla donde quiere y como quiere (Jn 3,8), en las espiritualidades hermanas, sin que te percates. Por eso cualquier hijo de hombre y mujer que se deja llevar por la Ruah despierta y vive de esa Vida”.

Cleofás y Lucas, por fin, se espabilaron. “¿Cómo no nos dimos cuenta, si sus palabras eran de vida, nos refrescó la cabeza y nos caldeó el corazón con esa manera tan original de leer las Escrituras?” (Lc 24,32)

“Pues venga, en marcha, dijo Myriam, corriendo a Jerusalén, esto hay que contarlo, que corra la noticia y se extienda el movimiento (Lc 24,33; Jn 20,18; Mt 28,11; Mc 16,7). Él vive, es el Viviente, es la Resurrección y la Vida."

"Esto ya no hay quien lo pare, lo de Jesús va estar vigente por siglos, a pesar de las religiones y sus jefes, a pesar de las inquisiciones y dictaduras, a pesar de las personas descorazonadas o descerebradas, a pesar de los pesares, lo de Él prevalecerá (Mt 16,18), que es más fuerte que la muerte el amor de este amor mío...”(Cant. 8,6)".

LLAMADA RESUCITANTE AL MOVIL DE MALENA (POR JUAN MASIÁ)

http://blogs.periodistadigital.com/vivirypensarenlafrontera.php/2009/05/07/llamada-resucitante-al-movil-de-malena

Aún no eran las nueve de la mañana cuando llegó Malena a casa de Salomé, donde se hospedaba la madre de Jesús. Subió sin respirar hasta la terraza. María, sentada con un cuenco de leche en su mano, respiraba a pleno pulmón la fragancia de la primavera palestina, la mirada perdida hacia la ruta de Belén, con aire de soñar despierta.

“¡Madre!¡Madre! ¡Que está vivo, que me ha llamado!”.“Radiante vienes Malena, ¿a quién te has encontrado por el camino? (Dic nobis , Maria, quid vidisti in via).

Te cuento, madre, te cuento. Yo salí de madrugada, valde mane una sabbatorum (Jn 20), al cementerio. La verja del huerto, cerrada con llave; marco el número del conserje y no contesta; intento colarme por la puerta de servicio, en ese momento suena el móvil. “Vaya, por fin, ¿dónde se había metido usted, Cirineo?, si no puede venir, dígame donde demonios ha escondido las llaves, para que las encuentre y abra”.

Una voz en off dijo. “¿No me reconoces?” “¿No es usted el conserje, el Cirineo?”, le pregunto. La misma voz, pero esta vez en tono familiar, dijo: “María, amor mío”. “Cielo, ¿eres tú? ¿Cómo es posible, desde tan lejos?” “No estoy lejos, en la eternidad la cobertura es perfecta”. “¿De dónde llamas?” “Desde aquí, a tu espalda”. Me volví... y era Él. “¡Rabboni!”, dije, y me fui a echar en sus brazos, pero su figura como que se difuminada. Antes de desaparecer me dijo: “En los abrazos del más acá siempre está la piel por medio, por más dentro que penetres, sigues estando fuera. Pero si subes a Abba, abrazas desde allí a todos y todas de otra manera.

Anda, corre a decírselo a la pandilla entera. Pero no empieces por Tomás, que, por mucho que le gustes a mi hermano -ya ves con qué ojos celosos mira siempre-, no te va a creer. Ve primero a Juan, que tiene algo de eso que sabéis cultivar vosotras: ojos para ver y oídos para entender. Él es poeta y por eso puede comprender la Palabra”.

La madre de Jesús escuchaba sonriente a Malena. “Claro, ya sabía que te iba a contactar. Me acababa de llamar a mí”. “Naturalmente, la madre primero”, dijo Malena. “Bueno, no sé qué te diga, era para preguntar por tu número. Fui yo quien le dió el de tu móvil. Cuando el despojo de las vestiduras le habían quitado el suyo, en el que tu dirección iba en cabeza”. “Pero lo que no me gusta, dijo Malena, es que aparezca tan poquito tiempo y enseguida se vaya”. ”Ya dijó Él que nos conviene que se vaya, para que venga la Ruah a hacérnoslo presente.” “Sí, pero no lo tocamos y palpamos con estas manos de carne”. “Por algo dice él: suéltame (Noli me tangere, Jn 20), que tengo que irme a Abba, para que viváis dentro de mí como yo dentro de Abba”.

“Pero, madre, eso cuesta mucho, porque se le echa de menos y eso nos hace sufrir.”. “Pero Él vive”. “Sí, pero nos lo podía haber dicho antes, el jueves por la noche, nos habría ahorrado el mal rato del viernes a la hora de nona” (Aquí suena el Stabat mater, de Jenkins). “Es que ni él mismo lo sabía”. “Pero siendo quien es, su conciencia...” “Déjate de conciencias, Malena, eso son monsergas y teologúmenos, como decía la abuela Ana, eso se queda para teólogos alemanes romanizados con miedo a mirar cara a cara a la Esfinge, como dirá dentro de veinte siglos Unamuno”.

“Ahora me explico lo desolador de aquella frase, cuando dijo que por qué estaba abandonado. Con razón lo pasó tan mal”. “Así fue, murió solo y fuera, como dice tan bien José María Castillo: fuera de su ciudad, fuera de su religión y condenado por ella, fuera de sus amigos que lo traicionan, no sólo Judas y Pedro, hasta el mismo Juan pagó el precio de hacer compromisos con los jerifaltes a cambio de que lo dejasen entrar en la capilla sixtina mientras el Gran Inquisidor revestido de capisallos largos dictaba sentencia entre el silencio de los corderos...”.

“Al final solo quedamos nosotras, madre”. “Sí, la Ruah se sirvió de vosotras para consolarle; vosotras, las piedras despreciadas por los constructores de la basílica petrina, fuísteis llamadas a sostener con veustro cemento a la piedra angular. Y, al fin, pudo él dar un grito asumiendo que todo estaba consumado y, mientras Abba respondía con silencio a su grito, hizo de tripas corazón y cruzó la última puerta”.

“¿Y estaba Abba esperando detrás de la puerta?“ “No, Malena, esa fue la sorpresa. No hay un detrás de la puerta, sino un más acá, ya estás ahora y desde siempre en brazos de Abba, solo que no te das cuenta. Ya dijo Él: Yo soy la puerta”.”Y por eso ha resucitado de verdad (Scimus Christum surrexisse a mortuis vere)”. “Bien dices que de verdad. Porque volver a esta vida y dejar una tumba vacía sería morir de mentirijillas. Murió de verdad y vive de verdad, porque, más que resucitar, lo que pasa es que Él en persona es la Resurrección y la Vida mismas”.

“Ay, madre, da gusto oirte decir estas cosas, ¡cuántos escribas muy doctos en teología no saben cómo explicarlas, aunque están muy listos para condenar a quienes las cuentan de otro modo! Tú, Madre, sí que eres mejor exegeta, aprendiste de tu hijo a interpretar a Abba, tú sí que mereces un doctorado en la Ciudad de Dios (no en Navarra ni en la Gregoriana), tú vales más que Judit,eres fuerte e incisiva, sicut castrorum acies ordinata, te cantarán todos los meses de Mayo con flores a porfía, tota pulchra, María, gloria de Jerusalén, tú la hija esperanzada de Sión y alegría de Israel, tu honorificentia populi nostri...” “Bueno, bueno, Malena, no te pases, que te exaltas demasiado y te van a confundir con nuervos movimientos”. “Si es que no puedo contenerme, madre, si lo de hoy al alba ha sido maravilloso, esto es una mezcla de gozar y sufrir. De disfrutar, porque quien amas vive y el amor es más fuerte que la muerte; pero, a la vez, pasarlo mal, porque no lo tienes entre tus brazos, así, bien estrechadito y apretadito.” “Claro Malena, si no quieres sufrir, no ames. Pero si no amas, ¿para qué quieres vivir?”

“Ay, madre, ¡qué cosas más entrañables dices!” “Bueno, Malena, dejésmolo ya, ahora tú tienes que ponerte en marcha, recuerda que él dijo que tú te llamarás Petra y que con esa piedra quiere él destruir todas las opresiones y desencadenar un movimiento de compasión que inunde el mundo de ternura”.

“¿Por dónde empiezo?” “Empieza por Juan, pero ayudada por Susana y Salomé. Para asegurar que no venga con Santiago la involución, tenemos que coger el timón nosotras. De lo contrario, los rabinos de la curia van y manipulan el Sínodo, redactan encíclicas largas y abstrusas, nombran obispos de su línea, domestican a los doce para que monopolicen el título de apóstoles y buscan una tumba vacía en la que enterrar para siempre el Concilio Vaticano II en un funeral de primera con veinte turiferarios y una hilera de diáconos con dalmáticas de estilo lefebvrino.

Pero vosotras, adelante, que aprieten el paso sin miedo las muchachas del Reino y de las Redes, sople que sople como un tifón la Ruah para inflar con viento favorable las velas de los pescadores y que se llenen de pesca sus barcas cuando, por fin, os hagan caso a vosotras y dejen ya de una santa vez de echar las redes siempre a la derecha de la barca y a la derechona del país...”

 

Cuarta señal: afirmación de parte de otros


No siempre es fácil juzgar tus motivaciones y tus habilidades por ti mismo(a). Pero no estás sólo(a). Hay gente que te conoce: amigos, parientes, miembros de tu parroquia, colegas, compañeros de estudio, que pueden ayudarte a juzgar la validez de tu llamado. Si muchos de ellos pueden ver al (a la) sacerdote potencial en ti, eso es una importante afirmación desde adentro de la Iglesia.

Un(a) director(a) espiritual es también muy útil. Ese(a) director(a) o mentor(a) espiritual es alguien en quien puedes confiar y que puede ser objetivo(a) contigo. Un(a) director(a) espiritual no será tu "mejor amigo(a)" y no tomará decisiones por ti. Él o ella te ayudarán a reflexionar en lo que estás considerando y en cómo Dios está moviendo tu proceso. Un(a) director(a) espiritual caminará contigo a medida que vayas en tu discernimiento.

En cualquier momento que un candidato es presentado para ordenación, el obispo, aún en los ritos actuales, pregunta primero si la persona es juzgada aceptable y apta por la comunidad de Dios. La respuesta es dada generalmente por el Rector del seminario en donde el candidato se entrenó, pero él contesta como representante del pueblo. La gente sabe quién podría ser un buen sacerdote y quién no.

La afirmación por parte de otros es por tanto, un signo valuable que indicará si tienes vocación o no.

 

http://www.womenpriests.org/sp/called/signs.asp

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Tercera señal: aptitud para el ministerio pastoral


Aptitud significa que tienes los carismas y dones requeridos para el ministerio sacerdotal. En términos prácticos, esto significa tener la habilidad de dominar los estudios teológicos y servir de inspiración y guía para otros. El sacerdocio es una profesión compasiva y sólo seremos útiles si por naturaleza y destrezas adquiridas somos “buenos con la gente”.

Aptitud significa tener la habilidad de vivir la vida sacerdotal confortable, feliz y generosamente, sin hacerte pedazos o estar constantemente agotando tus energías o sin estar constantemente en estrés. De alguna manera, ese estilo de vida debe acomodarse a ti y tú acomodarte a él, sin tener que pagar un al alto precio por vivir así. De alguna forma debe haber cierta compatibilidad entre tus intereses, habilidades y capacidades con las de aquellos que ya están en la vida sacerdotal.

 

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Segunda señal: la motivación a servir

Segunda señal: la motivación a servir

Primero debemos entender ciertos motivos nada aceptables que nos puedan atraer al sacerdocio:

  • La alta estima y elogios que ganaríamos para nosotros y nuestras familias;
  • Una posición de estatus y respeto en la comunidad;
  • Escapar de la responsabilidad del matrimonio o de otras relaciones familiares (hasta que la Iglesia haga el celibato opcional), y así sucesivamente.

Estos motivos inaceptables deben desemascararse, si están presentes. Son señales contrarias a una verdadera vocación sacerdotal.

El único motivo para aceptar el misterio sacedotal es el deseo de servir a otros. Un(a) sacerdote es ordenado(a) para otros, no para sí mismo(a). La felicidad de uno(a) como sacerdote es conmesurada con la felicidad dada a otros.

“Ser un sacerdote no es sobre tener una carrera en el sentido normal de la palabra. No es sobre prestigio, estatus o acumulación de bienes. Es sobre el amor por Dios y por la gente, y cómo uno puede responder mejor al amor de Dios mediante el servicio a los otros.” (Fray Edzel)

En un estudio por Eugene Kennedy, llamado "El sacerdote católico: investigaciones psicológicas" (1972), varios sacerdotes fueron encuestados sobre los principales factores que contribuyeron en su decisión de permanecer activos en el ministerio sacerdotal. Entre éstos, se mencionan:

  • Hago una contribución significativa a la misión de la Iglesia.
  • Siento una gran satisfacción en lo que hago por la gente.
  • Tengo un gran impacto en la vida en las vidas de los individuos, en una forma muy especial. Creo que la gente me ve como un signo especial de Dios en el mundo.

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